El poeta y académico español Francisco Brines, galardonado hoy con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, uno de los últimos representantes vivos de la generación del 50, es conocido por su talante de concordia y por su defensa de la poesía como ejercicio de tolerancia.Seguir leyendo el arículo
Nacido en Oliva (Valencia) en 1932, Francisco Brines posee casi todos los premios importantes que se pueden conceder en España: el Adonais (1959), el de la Crítica (1966), el Nacional de Poesía (1987), el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el de las Letras (1999) al conjunto de su obra.
Elegido académico de la Lengua en 2001, Brines es compañero generacional de otros ilustres escritores que se opusieron -en verso o en prosa- al régimen franquista, como José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute o Rafael Sánchez Ferlosio.
A lo largo de su vida ha compaginado con esmero y brillantez la docencia universitaria con una poesía que dibuja la geometría del tiempo, el amor y la muerte, por la que ha recibido importantes galardones, el primero de los cuales fue el Adonais, en 1959 por su primer libro, "Las brasas".
Tras estudiar en los Jesuitas de Valencia, pasó por las universidades de Valencia, Deusto y Salamanca para licenciarse en Derecho y por la de Madrid para realizar Filosofía y Letras.
Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en Oxford.
Se le considera uno de los poetas actuales de acento elegíaco más intenso aunque él ha matizado que su evolución ha tocado diversos momentos. "Había mayor sensorialidad al principio, luego, ha entrado el pensamiento", ha explicado.
Desde la llamada "poesía de la experiencia" presenta la caída de la luz como atmósfera y metáfora de su visión de la condición humana.
La producción de Brines refleja el pasar de la vida, dentro de una metáfora de color y tiempo e interiores de claroscuro, procurando en lo posible una "adecuación entre atmósfera y metáfora que no es buscada, sino que ha surgido".
En palabras suyas: "la sensación de pérdida, de que el don de la vida, de la existencia, nos va a ser despojado y se nos va a borrar, como el día borra a la noche".
Entre sus obras destacan "Las brasas" (1959), "Muerte de Sócrates" (1965), "El santo inocente" (1965), "Palabras a la oscuridad" (1966), "Insistencias en Luzbel" (1977), "Musa joven" (1982), "El otoño de las rosas" (1986) la antología "El rumor del tiempo" (1989), "La última costa" (1995), "Selección de poemas" (1997) o "Amada mía" (2004).
En 2008 se editó la antología "Todos los rostros del pasado", una selección de sus poemas.
También ha publicado los ensayos "Encuentro con los 50" (1990) y "Escritos sobre poesía española: De Pedro Salinas a Carlos Bousoño" (1995).
El 19 de abril de 2001 fue elegido académico de la Lengua para cubrir la vacante del dramaturgo Antonio Buero Vallejo (sillón "X") e ingresó en la institución el 21 de mayo de 2006, con el discurso "Unidad y cercanía personal en la poesía de Luis Cernuda", uno de los poetas que más han influido en sus versos.
Partidario de "aceptar la vida como es", Brines ha hablado siempre de la vejez sin rodeos, una etapa que defiende porque tiene "cosas maravillosas" que no ha conocido antes.
Pero también ha dejado claro que es "totalmente partidario de la eutanasia". Porque "vivir instalados en el dolor es innoble; el dolor anula por completo todo lo bueno que pueda tener la persona. Si no existe en la vida la esperanza, no vivamos".